Granada es una ciudad que se descubre despacio. Entre los patios de la Alhambra, las cuestas del Albaicín y las tabernas del Realejo hay siglos de historia superpuestos. Esta guía reúne lo esencial —y los rincones que solemos recomendar a quienes se alojan con nosotros— para que planifiques una estancia auténtica.
Qué ver en Granada
La Alhambra es la visita imprescindible, pero merece prepararse: reserva los Palacios Nazaríes con semanas de antelación y llega temprano. El Albaicín, con sus miradores (San Nicolás al atardecer), es el mejor lugar para entender la ciudad. En Sacromonte, las cuevas y el flamenco zambra pertenecen a otra Granada, más gitana y más antigua. Y no olvides la Catedral, la Capilla Real y el Realejo, el antiguo barrio judío hoy lleno de arte urbano.
Dónde comer (y tapear)
Granada mantiene una tradición cada vez más rara: con cada bebida llega una tapa gratis. Empieza por Calle Navas o Calle Elvira si buscas ambiente; para algo más tranquilo, prueba las tabernas del Realejo. No te pierdas el pescaíto frito en Los Diamantes, el remojón granadino o unas migas alpujarreñas en invierno. Y reserva una mañana para desayunar tostada con tomate y aceite en cualquier bar de barrio: es un ritual local.
Dónde alojarse en Granada
Nuestra recomendación es alojarse en el centro histórico, entre el Realejo y la Catedral: puedes ir andando a la Alhambra, al Albaicín y a los mejores bares de tapas. Los alrededores de Puerta Real y Plaza Nueva son especialmente prácticos si es tu primera visita. Hostal Antares está en pleno centro, a pocos minutos a pie de todo lo importante, y es una buena base para explorar la ciudad con calma.
Cuándo ir
La primavera (abril–junio) y el otoño (septiembre–octubre) son ideales: temperaturas suaves y menos multitudes que en verano. En invierno se puede combinar Granada con un día de esquí en Sierra Nevada, a menos de una hora en coche.
